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Lluc, un monasterio del siglo XIII para gente del siglo XXI

06/03/2011

El Monasterio de LLuc sigue estando es la mayoría de las agendas de quienes visitan la zona norte de Mallorca. Y no es de extrañar, ya que el recóndito oasis de tranquilidad y reposo cada año consigue más adeptos. Cualquier día de la semana es una buena oportunidad para recorrer el camino a pie, en bicicleta o, para los menos deportistas, en coche. Pero lo que realmente seduce quien lo visita son las infinitas posibilidades que ofrece el lugar, para todo tipo de personas creyentes o no. ¿Pero cómo un monasterio puede atraer tanto a creyentes como ateos?

En primer lugar, el camino entre las montañas de la Serra de Tramuntana es una excursión obligada para los adoradores del senderismo. Sus vistas sobre la misma montaña, poblada de encinares y pinares, contrasta con los olivares esmeradamente podados y sanados para producir el famoso aceite virgen de la zona. Y lo más sorprendente es cuando se consigue una cierta altura, desde donde se puede observar el Mar Mediterráneo con su costa tan irregular como fascinante.

Otro gran motivo para perderse por Lluc un fin de semana es la belleza arquitectónica del monasterio y de las casas que lo rodean. Solo al llegar, dos pequeñas torres guardan un jardín, de inspiración árabe, enramado con tejos centenarios y una fuente donde los visitantes intercambian unas monedas por deseos.  Al traspasar el frondoso jardín, una plaza muy amplia de piedra da la bienvenida a los peregrinos. Desde ahí se aprecia el gran Santuario donde está el museo y diferentes instalaciones donde uno puede pernoctar. Al traspasar el Santuario, a través de unos túneles, se va a parar a un pequeño claustro donde, ahora sí, encontramos la Basílica del siglo XIII, encajada dentro de la montaña e imponiendo su fachada. Su entrada, aparte de gratuita, es obligada para quien quiera pedir salud y deseos a la Virgen de Lluc y quiera admirar el esplendor de su interior.

Pero no todo acaba en la Basílica. Detrás de la gran construcción hay una pequeña plaza, donde un Lledroner centenario parece que custodia la subida al cielo a través de una gran escalinata de piedra entre el bosque. Esta escalinata acompaña al excursionista hasta la cima más alta de Lluc y desde donde se aprecian unas vistas sobrecogedoras del valle. Un camino lleno de esculturas religiosas en piedra y de leyendas.

El Monasterio de Lluc significa una tradición para muchas familias mallorquinas. Incluso existe el dicho “lleva un cirio a Lluc y lo conseguirás” para las misiones más complicadas de la vida diaria (¡multitud de veces lo he oído antes de un examen!). ¡Y no olvidemos las cintas de la Virgen! Unas cintas de colorines que, según la costumbre, deben colgarse en el coche para evitar choques, así que este podría ser un buen recuerdo del lugar.

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